¿Qué me importa que me digan que en el mundo desarrollado rige la ley del aborto libre y gratuito?
¿Acaso en él no laten muchas miserias más allá de tantas elogiables bonanzas?
Yo abogo por un mundo desarrollado integralmente, empezando por los valores intrínsecos a la persona, esos que defienden los derechos de quienes no tienen voz ni pueden defenderse o valerse por sí mismos; el nacer es el primero, el primigenio desde que se encendiera en el útero materno la llama de la vida.
Sin tecnicismos, pues no los tengo; sí desde la razón, el sentido común y lo axiológico, y despojándome de todo atisbo dogmático.
Sin tecnicismos, pues no los tengo; sí desde la razón, el sentido común y lo axiológico, y despojándome de todo atisbo dogmático.
Tarde o temprano -y la historia es fiel testigo de ello- crujen los muros de los imperios, se entremezcla en las calles la sangre de los enemigos, el fuego devora pueblos enteros y los mares bravíos entran en las ciudades.
Y se vuelve a las fuentes.
Y surgen de tal modo los Renacimientos.
Hoy vivimos en las Sodoma y Gomorra del tercer milenio, acaso en el momento del apogeo mismo de sus bacanales y en la previa de su estruendosa caída.
¿Qué me importa que en Alemania el Estado atienda gratuitamente a una mujer que decida dar fin a su embarazo? ¿Acaso hasta 2015 no tenía más pobres que nosotros, tal como sostenían los que por doce años se negaran a tratar en el Congreso una ley de despenalización?
Alemania, hablando ya seriamente, contaba hasta hace poco más de 70 años con un régimen que condenaba a los judíos a la cámara de gas. Escuálidos, enfermos, con sus ojos apagados y el alma maltrecha, 6 millones de ellos fueron masacrados entre 1939 y 1945 por el Tercer Reich y sus aliados.
Se sabe, amén del peligroso y reciente advenimiento de grupos neonazis, que 80 años son un suspiro a la sombra de la historia de la humanidad.
¿Qué me importa que en la propia Italia, país más parecido al nuestro por idiosincrasia y creencias, y que alberga en su seno hasta al propio Vaticano, el aborto sea legal y libre?
Cuando se aprobara, 40 años atrás, la votación fue de 160 sufragios a favor contra 148 en contra.
Y en España, cuya ley de aborto rige desde 2010 luego de varias correcciones, el cierre arrojó números no muy diferentes.
Es falaz, asimismo, que promulgar una ley que favorezca interrumpir voluntariamente un embarazo disminuya necesariamente el número de casos. En la misma España actualmente se llevan a cabo una media de 100.000 abortos anuales, muchísimos más que cuando era vedado: un inocente es asesinado en la península cada 5 minutos y medio.
Nada menos...
Por tanto, desmiento lo que muchos progresistas -muchos de ellos a la fuerza- quieren imponer a como dé lugar: los eventos no disminuyen, mas bien tienden a crecer.
Me detengo un instante en los casos de Chile y Perú, naciones vecinas a la nuestra a las que en las últimas dos décadas les ha ido mucho mejor que a la Argentina desde el crecimiento económico y su consecuente caída de las desigualdades sociales: en ellas el aborto sigue siendo punible. Sus Gobiernos han virado de izquierda a derecha sin que se produjesen cambios en las políticas en tal sentido.
En nuestro país impuso la agenda un creciente y ruidoso grupo feminista, muy politizado, que lucha contra un "patriarcado sometedor y maléfico"; muchas de sus componentes persiguen directamente la muerte del macho mientras blanden con ostentación e hipertrofiado orgullo sus pañuelos verdes.
No me asusta que sea la izquierda, siempre tan afecta a la violencia y tan reivindicativa del uso de las armas la que insista en tronchar la vida de quienes ya tienen vida; la de segar las posibilidades de alguien ya concebido, deseado o no.
Sí me inquieta haya tanta gente que se dice humanista y se encolumne detrás de esos reclamos.
Tantos que aseguran debemos salir definitivamente de los "tiempos precámbricos" y exhiben mapamundis para dar más fuerza a su criterio.
Tantos que se refieren a la despenalización del aborto como si sólo se tratase de un concepto sanitario.
Tantos que son renuentes a ejercer mano dura contra delincuentes seriales o violadores consuetudinarios pero que están a favor de que cada mujer descarte ese ser, ese persona en ciernes como si fuese una parte más de su cuerpo.
Tantos que dicen preocuparse por las mujeres pobres, eventualmente abusadas o habitantes de zonas marginales, cuando nunca hacen nada por ellas. Y son ellas, las mujeres pobres, quienes generalmente aceptan la vida que engendran con naturalidad, tantas veces hasta como un regalo de Dios.
Hipócritas aquellos que dicen defender los derechos de las víctimas del sistema cuando no hay víctima mayor que aquel ser al que sacan con pinzas del vientre materno.
En realidad lo hacen por las mujeres de clase media, segmento social en donde intramuros se tejen historias incontables, vergonzantes, dignas de un libreto hollywoodense.
En realidad lo hacen por las mujeres de clase media, segmento social en donde intramuros se tejen historias incontables, vergonzantes, dignas de un libreto hollywoodense.
Tantos que apoyan que el Estado se encargue de todos los costos de la intervención abortiva, la recuperación ambulatoria, el apoyo psicológico, cuando sabemos cuáles son las actuales condiciones de nuestra salud pública.
Eso sí me inquieta, un discurso vanguardista proferido en ocasiones desde voces queridas.
Eso sí me inquieta, un discurso vanguardista proferido en ocasiones desde voces queridas.
¿Qué pretenden, una mayor carga impositiva?
Porque el Estado NUNCA PAGA NADA, a fin de cuentas son los ciudadanos los que asumen todas las costas a través del pago de sus impuestos.
Sí es indispensable haya una educación para la sexualidad impartida en los colegios por especialistas en la materia y que se apoyen en la bioética, tanto en los públicos como en los laicos o religiosos de gestión privada.
Como así también se sancionen ejemplares leyes de adopción.
Sin trabas, sin dilaciones, sin intermediaciones.
Y se siga asistiendo a la mujer violada el mismo día, o al siguiente, que al menos le suministrarán la píldora del día después, retrovirales y controles subsiguientes.
Y se siga asistiendo a la mujer violada el mismo día, o al siguiente, que al menos le suministrarán la píldora del día después, retrovirales y controles subsiguientes.
En caso contrario nos transformaremos en un Monte Taigeto de la Postmodernidad, en una sociedad de descarte que fácilmente acuse a los defensores de la vida como soldados de la Iglesia, como miembros de la Inquisición, como Torquemadas del nuevo milenio.
Algo ha pasado.
La media sanción de la LEY DE DESPENALIZACIÓN salió luego de sugestivos cambios de opinión y de último momento en varios congresistas.
Podría suceder lo mismo en el Senado según circula por ciertos corrillos del Congreso de la Nación. La expresidente "fue convencida" por sus hijos de votar por el sí; Luis Naidenoff, jefe del interbloque de "Cambiemos", se pronunció en favor de la despenalización, al igual que el senador Pichetto, de raigambre peronista.
En el año 1999 se sancionó en el Senado una ley de reforma laboral conocida por "Ley Banelco".
¿Estaremos ante otro caso similar?
¿Aportará el dinero PLANNED PARENTHOOD, entidad investigada por el FBI, que habría financiado a los sectores pro-abortistas con U$S 5.000.000.-?
Aunque me resulte poco plausible, ¿será una exigencia del FMI, como denuncia el padre Pepe Di Paola, para que llegue el desembolso que blinde nuestra economía por los próximos dos años?
El panorama es oscuro si se resolviese en la Cámara Alta como sucediera en diputados, con un Congreso permeable a fines oscuros de empresas transnacionales u organismos de crédito que, desde la "década ganada" en adelante, observan con preocupación el mega-déficit fiscal agigantado por la cantidad de asignaciones universales y subsidios otorgados a los sectores más vulnerables.
Pero también permeable al reclamo de desquiciadas autoproclamadas como "brujas, abortistas, herejes y tortilleras", que exhiben sus senos a quien quiera verlos, que sostienen que como son las que paren son las que deben elegir, que fingen abortos en las puertas de las Catedrales y dan letra a las adolescentes, para que desde su joven rebeldía tomen escuelas y repitan como mantras consignas en dialecto inclusivo.
Soy consciente de que el mundo es una descomunal caja de resonancias.
Un enorme encolumnado de fichas de dominó.
Un entramado gigante y redondo en donde tarde o temprano, a cada punto, todo termina llegando.
Pareciera una utopía sin precedentes retrasar los malos hábitos foráneos cuando la globalización se encuentra tan extendida.
Que Alemania se ocupe de sus problemas.
Del resurgimiento de movimientos fascistas; de que Ángela Merckel deba batallar largamente para establecer un Gobierno. De tantas células islámicas agazapadas para dar su golpe; de una población envejecida como en toda Europa Occidental, en la que se producen cada vez menos nacimientos y cuesta tanto sostener a la clase pasiva definitiva dados los avances en la medicina.
Pero en última instancia, ¿a mí qué me importa lo que allí suceda?
Me importa más lo que acontezca en mi tierra, castigada y fecunda, bella y saqueada, que espero sólo aborte las prácticas aberrantes de sus dirigentes que se contagian verticalmente a la ciudadanía.
Ojalá no se despenalice el aborto, en una sociedad como la nuestra sería como darle como juguete una ametralladora a un orangután.
Ojalá que no.
Oj-Alá (quiera Dios).
Así sea...
@Druidblogger
Un entramado gigante y redondo en donde tarde o temprano, a cada punto, todo termina llegando.
Pareciera una utopía sin precedentes retrasar los malos hábitos foráneos cuando la globalización se encuentra tan extendida.
Que Alemania se ocupe de sus problemas.
Del resurgimiento de movimientos fascistas; de que Ángela Merckel deba batallar largamente para establecer un Gobierno. De tantas células islámicas agazapadas para dar su golpe; de una población envejecida como en toda Europa Occidental, en la que se producen cada vez menos nacimientos y cuesta tanto sostener a la clase pasiva definitiva dados los avances en la medicina.
Pero en última instancia, ¿a mí qué me importa lo que allí suceda?
Me importa más lo que acontezca en mi tierra, castigada y fecunda, bella y saqueada, que espero sólo aborte las prácticas aberrantes de sus dirigentes que se contagian verticalmente a la ciudadanía.
Ojalá no se despenalice el aborto, en una sociedad como la nuestra sería como darle como juguete una ametralladora a un orangután.
Ojalá que no.
Oj-Alá (quiera Dios).
Así sea...
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