sábado, 18 de marzo de 2023

DESÁNIMO ESTIVAL

Acaso hayan colaborado sucesivas olas de torridez.
Mientras mi cuerpo fue manando un sudor inédito, fundidos a él discurrieron fragmentos de mi espíritu, que progresivamente ganó en languidez.
No fueron, sin embargo, solo las temperaturas monzónicas, todavía renuentes a dejarnos.
Con mi salud aún con interrogantes, días que pasaron como un suspiro y algún que otro desencuentro, afronté como pude las malas noticias de la economía y el termómetro social en punto de ebullición.
Y tras escuálidas vacaciones conurbanas retorné a la oficina, donde me encontré menos integrado que nunca y fuera de cualquier sintonía con el resto.
El desánimo ha venido anidando en torno a mí y dejándome su invalidante corset. 
Enclavó su bandera y me hizo recordar de qué se trata cuando en tu centro establece su soberanía.
Es un viejo conocido que tiene la llave de casa y se atribuye el entrar sin golpear.
Con más años a cuestas la vulnerabilidad que experimento es también mayor. 
No pienso reincidir después de tantos años en la psicoterapia, de dispares resultados y que reposa desde entonces en un escaparate de recuerdos.
La prueba holística vislumbraba mejor panorama. No obstante, la energía presagiada ni se ve, ni observo viajes o presuntas mudanzas en ciernes.
Soy yo, nuevamente yo, talmente yo en mi impermeabilidad hacia cambios de ruta, hacia las contramarchas, hacia planes nuevos.
Soy yo a pesar del amor recibido, de la misa vespertina y de la oración cotidiana.
El mismo que no es capaz de cambiar su rumbo ni la pequeña geografía conocida. 
Bueno sería vivir por un tiempo en silencio, gozar de una notable facultad de interpretación y empatía que me permitan interactuar sin la necesidad de hablar. 
Que hablen más los gestos, las actitudes, las miradas.
Incluso porque no fluye argumento nuevo a debatir dondequiera que yo vaya.
Se ha desvanecido mi ya pobre tolerancia.
Me cansé de la recurrencia y de los lugares comunes. Y los discursos o pequeñas alocuciones me parecen gritos. 
Todo el mundo invade mi libertad, me pasa por la banquina, me toca bocina, me interrumpe.
Me siento distinto a los demás, como en otra dimensión, único ciudadano de mi microplaneta y zona de confort, sin ganas de conocer más gente o de sumar desencantos.
Siento como si este verano, cual botín, se robara parte de mi esperanza.
Empezó prematuramente y terminará yéndose en pleno otoño, confundiendo a los árboles y extendiendo interminablemente sus brazos ígneos.  
Que sea este apenas un desánimo estival.
Y que cuando la hojarasca empiece a tapizar calles, jardines y veredas, mi espíritu vaya generando nuevos brotes.


Pablo /  @DruidbloggerOK







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