Ya no haré ese viaje soñado.
Me conformaré con llevarlo a cabo en mi interior, con el dictado de mi corazón, el auxilio de mi imaginación, con el hábito de la lectura y allí donde se pierda el peregrinar de mi mirada, la frontera en la que se funden lo plausible y lo mágico.
Ya no formaré familia; pese a los intentos he descubierto hace tiempo que mi camino debe ser hecho ser en soledad.
Quedaron atrás los dos pares de pies dejando su marca en la arena, ha subido la marea y las aguas los llevaron consigo en su retorno hacia el mar.
No seré parte de luchas quijotescas de resultado cantado, ya no tiene sentido, sería como hacer frente a un tsunami con una tabla de surf.
Ni intentaré con ahínco agradarle a alguien o buscar encajar allí donde nunca he encajado.
Tampoco haré los cambios en casa que demanden fuertes desembolsos.
Debería ir dosificando mi energía, ya en declinación; no descuidando mi salud, revisando gastos, evitando dispendios, redireccionando fondos y asignaciones, optimizando tiempos y buscando anticipadamente esa pieza de monasterio a ocupar cuando me retire.
Pienso en un sitio en el que haya huerta comunitaria, un cantero donde crezcan mis plantas, una capilla silenciosa donde oír misa, con olor a humedad, velas de antaño y ecos de himnos; una larga mesa común para compartir el pan, un viejo banco de plaza, buena sombra de árboles bajo cuya fronda pueda hablar con el viento, escuchar a las aves, empezar el mate, rezar el rosario, evocar a cierto amor y esperar mi muerte.
Pablo / @DruidBloggerOK
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario!