Sentada al extremo de una hilera de bancos, vos me hablabas.
Por las características del lugar parecía un teatro y la luz no estaba lo suficientemente mortecina.
Yo estaba a unos asientos de distancia, dos o tres, a tu derecha, y nadie más aparecía en cercanía.
Me compartiste que estabas haciendo un taller para combatir la angustia.
En la calle Freire (¿?) tan lejana -pensaba- a tu departamento y a tu trabajo.
Me dio ternura.
Al mirarnos nuestros ojos se nublaron de lágrimas. Nos pusimos de pie y nos acercamos el uno al otro.
Creo haberte dicho entonces que, a veces, te extrañaba.
Creo haberte dicho entonces que, a veces, te extrañaba.
Y creo -también- que vos me dijiste lo mismo, en dulce sintonía.
Cuando tu abrazo era puerto inexorable abruptamente yo desperté.
Como cada vez que un lindo sueño llega a su mejor parte.
Maldije para mis adentros y quise volver a dormirme pronto, cerré los ojos, me concentré en esa sala de asientos que nos reuniera, en tu mirada, en tus palabras, en ese abrazo inminente.
Maldije para mis adentros y quise volver a dormirme pronto, cerré los ojos, me concentré en esa sala de asientos que nos reuniera, en tu mirada, en tus palabras, en ese abrazo inminente.
Fue inútil.
Quizás la próxima tenga mejor suerte, me compartas más de tu vida, me preguntes de la mía y me des finalmente ese abrazo.
Quizás la próxima tenga mejor suerte, me compartas más de tu vida, me preguntes de la mía y me des finalmente ese abrazo.
Será entonces hasta el próximo sueño.
..."Nadie ha logrado nada, desde lo más pequeño hasta lo más grande, a menos que lo haya soñado primero"... -Laura Ingalls Wilder-
Pablo / @DruidBloggerOK
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario!