martes, 6 de noviembre de 2012

Diputados suecos vs "Diputeados" argentinos


Nada es porque sí.
Así en la tierra de lo simple como en el cielo de las complejidades.
Conclusión por demás elemental, demasiado básica, pero no menos cierta.
En las recientes horas del pasado fin de semana, recibí un fuerte impacto. No se trató de un evento personal, tampoco de episodio alguno que tuviera que ver con ámbitos cercanos. Fue, en cambio, el ver detenidamente, una y otra vez, un corto video subido a Youtube, meca de la virtualidad que, sin embargo, me traía aspectos de una realidad admirable, aunque de un contexto tan exótico como lejano.
Mis estructuras internas sintieron un cimbronazo. Comencé a pensar en la confluencia de los posibles factores en los que nacen las idiosincrasias. No siendo ese campo un terreno en el que me mueva con solvencia, preferí dejar cualquier conjetura para los cultores de las ciencias sociales. Pero no me privé de meditar en compañía del mate, siempre preparado con  ritualidad y esmero, y que con sabor amigable y persistente me ayuda siempre a viajar sin la necesidad de moverme de mi mesa hogareña.
Fue, precisamente, luego de un buen sorbo al mate, durante la pasada mañana sabatina, que vi emerger en la pantalla de la notebook un video que me llegara por gentil recomendación. Para mi sorpresa y mi sana envidia, pude comprobar que en Suecia, lacustre y septentrional Estado europeo, los diputados se desempeñan en un ámbito de suma moderación y extrema sencillez. Estos, hasta los años 90, dormían en modestos sofás-cama dentro de sus  propios despachos del Parlamento. Hoy, como única mejora, utilizan cuando están en la capital departamentos de apenas 18 y 40 metros cuadrados respectivamente, sin lujos ni estridencias, con lavandería y cocinas comunitarias -en donde se les ruega mediante carteles dejar todo limpio-, sin empleada doméstica, ni secretaria, ni auto conducido por chofer. Otro dato que surgía era que el Primer Ministro, nada menos, ocupa una residencia de 300 metros cuadrados, pero sin acceder al "lujo" de contar con empleados a su servicio para los quehaceres básicos de la casa, por lo que él mismo debe llevar a cabo, en forma personal, tanto la limpieza de la misma como el planchado de sus camisas y el lavado de su ropa. Sí, el Primer Ministro... 
Quedé azorado, luego pensativo, y finalmente, luego de trazar ciertas comparaciones, absolutamente indignado. Después de contemplar con atención estos brevísimos minutos de video imaginé ser portador de otro nombre, tal como el de Bjorn, acaso el de Olaf, y ser morador de una ciudad como la de Estocolmo, Malmö o Uppsala. 
Superado el encandilamiento de tan fugaz fantasía, traje mi mirada hacia horizontes más familiares y cercanos, penosamente recurrentes en el tiempo y en el espacio.
Siempre terminamos sorprendiéndonos de lo que debiese ser algo natural; ya ni me detengo en tan ejemplar paradigma de sencillez, sino en que no le roben al Estado y que los congresales hagan denodados esfuerzos por no defraudar a quienes, a través de sus impuestos, les pagan el sueldo mes a mes, premisa fundamental en una verdadera República. Así como que no se enriquezcan a partir de las arcas de la Nación, o no se vean favorecidos en lo personal por el ocasional paso por la función pública.
Dicen que Dilma Rousseff recomienda ver este video a los diputados brasileños a fin de que intenten, en alguna medida, imitar a sus esforzados colegas nórdicos. 
Desconozco si los primeros hacen o no suficiente caso sólo sé que en el Brasil de estos días, quien es descubierto en la ilegalidad, es condenado al escarnio público y termina debidamente procesado.
En la Argentina, como siempre, y mientras el presente ve a sus habitantes magnetizados por una simpática sueca desembarcada en la televisión, nuestros "diputeados" prefieren ocupar propiedades bastante más suntuosas, viajar con chofer y guardaespaldas, cobrar sueldos muy importantes -incluído el de desarraigo-, percibir decenas de viajes anuales en avión y contar con legiones de asesores. Todo ello para tener, en no pocos casos, una actividad parlamentaria bastante cansina y poco fructífera, no dando siempre el necesario quorum para sesionar, muchas veces proponiendo feriados nacionales dudosos o días tales como el "de la milanesa a la napolitana", acusando de narcos o golpistas a los opositores, aplaudiendo el no pago de una deuda tomada por el Estado a la que ellos mismos ayudaran a contraer, aprobando el fuerte aumento de sus dietas o insultándose y recibiendo a cambio bofetadas sonoras.
"Es lo que hay", rezará más de uno.
Y...sí, sobre todo si continuamos esperando que sólo Dios les demande tal impúdico accionar. Pero quedándonos en la vana reflexión, no sólo nos alejaremos cada día un poco más de la sorprendente Suecia o de un vecino pujante como Brasil, sino que nos iremos perfilando, progresivamente, para un futuro tan promisorio como el de Tanzania...

Pablo, el druida 







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