Se acerca el fin de la fiesta.
La agonía de la madrugada muestra un enorme salón, con sillas desparramadas, manteles manchados, restos de cristalería esparcida por el piso y una atmósfera irrespirable por los efluvios del alcohol y el humo de cigarrillos.
Se ve que hubo para unos cuanos una larga y vertiginosa tertulia, donde todo valía.
Aún resuenan mortecinos acordes de cierta música, aunque la borrachera generalizada no ayude a distinguir un solo acorde.
Miro estupefacto lo que ha quedado: desde lo cosmogónico es el caos lo que reina, como ese estado primigenio del cosmos. O más aún, como significado de hendidura.
O de "grieta".
Y unos cuantos millones que no hemos sido invitados a participar de esa bacanal deberemos pagar los cuantiosos gastos: los canapés de ciervo ahumado que no comimos, el champagne que no bebimos, las copas que no hubimos de romper.
Cómo permitimos que nos pasara?
Argentina fue mejor que ésto, más allá de sus miserias históricas y renuentes a desaparecer, de los vaivenes cíclicos, de sus pecados ya conocidos.
No hemos sabido aprovechar la lección del besar la lona.
Pudimos haber elegido otro camino, más inteligente, más virtuoso, pero nuevamente nos hemos quedado atorados en las pegajosas redes del populismo, acaso en su peor versión vernácula.
Quienes más canas exhiben vivieron más experiencias de fracasos estrepitosos, de estafas morales, de sórdidos pasajes por el poder de personajes nefastos.
El post 2001 era no obstante una oportunidad para barajar y dar de nuevo, para tomar buen impulso después de sufrir una caída tan pronunciada, para sincerarnos con nosotros mismos y con el resto de la humanidad y sembrar con nuestro profuso sudor las semillas de un futuro más promisorio.
El mundo estaba económicamente fuerte desde lo financiero, el FMI tenía generosos fondos como para prestar a tasas razonables, aún faltaba tiempo para que ocurriera la explosión de Lehman Brothers, nuestros commodities se apreciaban -la soja, fundamentalmente- y éramos energéticamente independientes.
Recursos humanos nunca nos faltaron, tampoco una naturaleza generosa.
Pero una horda de bárbaros se hizo del poder.
Como los hunos de Atila han arrasado con nuestra pródiga tierra de esperanza.
Violaron instituciones, rompieron reglas de convivencia, violentaron protocolos, "confundieron" gobierno con Estado, dilapidaron recursos, instalaron un régimen de matriz corrupta e ineficaz.
Y, fundamentalmente, nos dividieron.
Hoy podemos distinguir dos orillas bien diferenciadas: los que apoyan al "modelo" y quienes lo aborrecen. Sin términos medios. Sin medias tintas.
Todo fue premeditado: ..."divide y reinarás"... reza el viejo apotegma de Maquiavelo.
Así consiguieron el poder en Santa Cruz, y de un lejano feudo patagónico pasaron a ser los patrones de la toda geografía argentina.
Veamos, caprichosamente como vayan surgiendo, los penosos resultados de 12 años de gestión:
- importamos gas que viene en barcos desde Medio Oriente
- producimos menos petróleo que en los años 90
- vivimos en colapso energético
- somos ya los undécimos productores de carne en el mundo -y bajando-
- venimos de la peor cosecha de trigo en más de un siglo (estamos desapareciendo del mapa triguero mundial)
- siguen cerrando tambos, unos 7000 en los últimos tiempos
- las economías regionales están al borde del knock out
- nuestros alumnos dan pena en los exámenes Pisa
- ya somos el país de la región en el que más robos se producen
- la inseguridad alcanza niveles dramáticos
- los carteles del narcotráfico se nos han instalado definitivamente
- entramos nuevamente en default
- tenemos una de las inflaciones más elevadas del globo
- los presidiarios tienen más derechos que los ciudadanos ejemplares y ganan más que los jubilados
- Aerolíneas, nuestra "línea de bandera" pierde más de 2 millones de dólares por día
- con "Fútbol para Todos" se eroga 14 veces más que para construir escuelas
- se compran trenes chinos de tecnología antediluviana a precios descomunales
- Nos peleamos con España, EEUU, Uruguay y Brasil y nos aliamos con China, Venezuela, Rusia y Angola
Así estamos después de lo que se pretendiera instalar como "Década Ganada".
Es imperdonable, pues más allá de ciertas coyunturas particulares que atraviesen algunos países vecinos, lo real es que todos han crecido más que la Argentina.
No ya Brasil, histórica locomotora de América del Sur.
No ya Chile, de economía prolija y sustentable desde que se recuerde.
No ya Ecuador, presidido por un personaje autoritario que, sin embargo, sabe de economía.
Bolivia y Paraguay han crecido más que nuestro país.
Bolivia y Paraguay, naciones que pueden emitir deuda a tasas un 50% menores de las que pagaríamos nosotros.
Mientras tanto, Argentina no logra acordar con los tenedores de sus bonos emitidos, muestra los indicadores más preocupantes y presenta las reservas más bajas de la región.
Las fiestas, tarde o temprano, deben pagarse.
Las facturas llegan siempre; a veces precedidas por el pregón del cartero, en otras simplemente aparecen en el buzón.
Y rara vez se condonan.
El oficialismo mantiene al país como a un maltrecho paciente a fuerza de terapias pasajeras. Casi como a un zombie. Hay que reconocerle, por tanto, la sagacidad y la malicia como para urdir el plan de producir una bomba que sólo se active con la llegada de un nuevo gobierno no kirchnerista.
El oficialismo mantiene al país como a un maltrecho paciente a fuerza de terapias pasajeras. Casi como a un zombie. Hay que reconocerle, por tanto, la sagacidad y la malicia como para urdir el plan de producir una bomba que sólo se active con la llegada de un nuevo gobierno no kirchnerista.
No hay crecimiento sin dolor, habrá pues que arremangarse y trabajar denodadamente para salir de a poco de esta realidad poco feliz.
Muchos deberían pasar por tribunales: desde la misma presidente, que no puede justificar su incalculable fortuna amasada desde la función pública. Bueno sería: un país sin justicia está condenado al fracaso.
El Poder Judicial empieza a jugar un papel importante. Algunos de sus sectores se han rebelado y hacen flamear la esperada bandera de la independencia.
El entorno presidencial pareciera cercado. Aunque por los corrillos de la política circulen versiones de una tregua pre-eleccionaria, una suerte de acuerdo de "respeto mutuo" hasta tanto se lleven a cabo las próximas elecciones.
Vaya uno a saber.
Que la justicia comience a ser tal, aunque por sí sola no baste, se trataría de un auspicioso comienzo.
Sería imprescindible que los argentinos aprendiéramos a sufragar.
Debemos elegir un verdadero líder, que sepa gestionar, que priorice el bien común y que tenga las espaldas lo suficientemente anchas como para poder cargar la pesada mochila que habrá de dejarle el peor gobierno democrático de nuestra historia, que instaurara un proyecto cuyos fanáticos adherentes jamás puedan resucitar...
Pablo, el druida
Pablo, el druida

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