Después de haberlo leído y escuchado por enésima vez, y a riesgo de estar sembrando en la ardiente arena del desierto, creo que de algún modo habría que explicarle al complejo universo compuesto por kirchneristas, peronistas ortodoxos, progresistas y trotskistas que el de Mauricio Macri no es un Gobierno "Neoliberal".
La ignorancia extrema, el prejuicio y el dogmatismo los lleva, en variable proporción, a repetir como papagayos esa calificación tan irreal.
Empecemos señalando, en pocas palabras, que el Neoliberalismo considera que la Economía es el principal motor del desarrollo de una nación, y que todos los aspectos de la vida de una sociedad deben estar subordinados a las leyes del mercado.
En ese contexto, de mercado libre, de empresas y servicios, se busca que los sindicatos se debiliten.
Y no sólo, se busca reducir el gasto social y evitar de tal modo se construya esa figura tan conocida para los argentinos de un Estado paternalista y benefactor.
Por cierto, hay otros postulados que pregona esa corriente tan temida por muchos, pero de tanto éxito en la posguerra, fundamentalmente en América del Norte y Europa Occidental.
Que yo sepa, en la actualidad se destina un 73% del producto al gasto social. Por tanto, mal podríamos considerarla de matriz neoliberal a la actual gestión.
Y si bien pienso que los sindicatos en este país deberían intervenirse por tratarse de verdaderas madrigueras de corruptos y mafiosos -aunque para ello debería contarse con mayor caudal de poder político- el Gobierno actual les devolvió fondos que el de Cristina Fernández de Kirchner les había quitado en su momento.
Ya hemos visto dos puntos que no se cumplen para definir como neoliberal al presidente Mauricio Macri que, en realidad, sigue la línea del Desarrollismo, corriente instaurada en nuestro país por Don Arturo Frondizi, y contemporáneamente por Juscelino Kubitschek en Brasil.
Es más, el mismo presidente se dice y se siente desarrollista. Y cuenta en su equipo a Rogelio Frigerio, nieto de uno de los propulsores del Desarrollismo en la Argentina.
El Desarrollismo no ve a la Economía sino a la Industria como eje a partir del cual debe sustentarse el crecimiento de un país. Esa diferencia es sustancial.
Más allá de los errores que cometió el actual Gobierno, queda en evidencia, por ejemplo, que sin energía no podía pensarse en un crecimiento de la actividad en general y de la industria en particular. Hubo que asumir el descontento popular por el sinceramiento de tarifas para la recomposición de la matriz energética detonada por el kirchnerismo. Y los resultados están a la vista: mayor producción de petróleo, de gas -que después de unos cuantos años vuelve a exportarse- y de energías renovables.
La obra pública y la infraestructura tuvieron un impulso importantísimo y dieron -dan- trabajo genuino.
El Desarrollismo, desde su surgimiento a fines de los años cincuenta, en una América Latina con economías destartaladas por gestiones populistas, ha promovido la inversión privada para la explotación de los recursos naturales y para el consecuente saneamiento de sus balanzas comerciales.
Penosamente, Arturo Frondizi fue derrocado y, posteriormente, John Kennedy asesinado.
Estos desafortunados hitos históricos marcaron el congelamiento del sueño desarrollista en la América de la Guerra Fría.
Las naciones, empero, pueden despertar de sus prolongados letargos.
Un presidente ingeniero, que sabe de producción a grandes escalas y que como principal activo tiene a su política exterior, está haciendo hasta lo imposible para que Argentina salga del suyo...
Pablo / @DruidbloggerOK
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| El presidente Mauricio Macri inaugurando un nuevo oleoducto en Añelo, Neuquén. |

Brillante! Claro! Si me lo permites, lo quiero compartir
ResponderEliminarObvio!
ResponderEliminarY el honor que me hacés, gracias, querida!