El virus avanza implacable mientras la mitad del mundo se encuentra recluida en el resguardo de sus hogares.
Sólo lo celebran la atmósfera, la biodiversidad, las distintas formas de vida no humana.
Despertó el Kraken y no estaría apareciendo una estrategia efectiva para frenarlo.
Que la cuarentena sí, que la cuarentena no; que es efectivo el uso del barbijo o que éste no sirve para nada; que ya sale una vacuna o que al menos nos quedan dos años por delante luego de miles de pruebas en animales y personas; que la curva se aplanó o que crece exponencialmente la onda expansiva de los contagios.
Siempre dos corrientes contrapuestas, dos bibliotecas para todo.
Confiada en su reciente "aislamiento" europeo Inglaterra promovía en un principio que su población se contagie para generar muy pronto los anticuerpos contra el Covid- 19. Volvió muy pronto sobre sus pasos, espantada, mientras la misma corona real generaba rumores de enfermedad.
Suecia tiene a todos sus alumnos en clase y a todos sus ancianos bajo extricto cuidado. La rueda de la economía sigue girando, será sin dudas una de las naciones menos dañadas social, financiera y sanitariamente hablando.
En México su presidente favorecía las salidas, los encuentros interpersonales, los paseos. No debía decaer el ánimo del pueblo.
China parecía haber controlado al coronavirus, pero al temor de los rebrotes fueron sumándose desapariciones de médicos que denunciaran el ocultamiento de decenas de miles de contagios y un impreciso número de muertes.
Lo cierto es que no hay nada, más allá de experimentos con retrovirales y fármacos utilizados en el tratamiento de otras patologías.
La realidad local presenta rasgos llamativos.
Tenemos más detenidos por violar la cuarentena que pacientes con la enfermedad declarada.
La enorme mayoría ciudadana aplaude a los médicos y enfermeros, vitoreándolos y dándoles el rótulo -junto a policias y representantes de distintas Fuerzas de Seguridad- de nuevos héroes populares. Pero comienzan a verse horrendos letreros en ascensores de distintos consorcios, con mensajes intimidatorios hacia los profesionales de la salud, a quienes empiezan a ver como a leprosos del siglo XXI..
Las miserias, así como la humedad en muros luego de días de lluvias copiosas, suelen aflorar en las situaciones límite. Vaya si ésta lo es.
Y el Gobierno Nacional, que había cerrado muy tarde las fronteras, había recibido casi sin control a quienes retornaban del exterior, que de no ser por la actitud de River Plate planeaba autorizar la continuidad de la práctica del fútbol profesional y hasta la televisación de algunos de sus partidos, que había confiscado los respiradores adquiridos con previsión por provincias opositoras y hasta amagó días atrás con "estatizar" los servicios de salud, no supo tomar como aprendizaje las experiencias de Italia y España, que con la pandemia ya declarada tuvieron dos enormes focos de contagio ciudadano: el partido entre Atalanta y Valencia, por la Champions League, y la masiva conmemoración por el Día de la Mujer, respectivamente. De haber capitalizado en su favor tan desafortunados episodios jamás habría posibilitado que millones de jubilados y beneficiarios de planes sociales hiciesen filas de varios centenares de metros, bajo temperaturas ya en descenso y por varias horas. Y sin distanciamiento alguno.
Veremos las consecuencias de tan demencial imprevisión gubernamental, de tan colosal falta de sentido común y de sensibilidad. Jamás se había considerado a la bancaria como a una actividad esencial como en el resto de las naciones del planeta. Evidentemente el de Palazzo es un sindicato muy afín, eso pesó más que cualquier otro motivo.
Veremos las consecuencias de tan demencial imprevisión gubernamental, de tan colosal falta de sentido común y de sensibilidad. Jamás se había considerado a la bancaria como a una actividad esencial como en el resto de las naciones del planeta. Evidentemente el de Palazzo es un sindicato muy afín, eso pesó más que cualquier otro motivo.
Entretanto, mientras perdemos el cálido gesto del abrazo, el dulce hábito de los besos, la Eucaristía frente al altar, la liturgia del mate compartido y las reuniones fuera del ámbito del zoom, del whatsapp o del handouts, el atlético y poderoso Covid-19 nos viene arrinconando contra las cuerdas y llenando la cara de moretones.
Ya nada será igual después de su accidental (¿?) génesis.
Sólo espero que cuando toque recoger los escombros que deje su paso, mortífero e impiadoso, quienes sobrevivan hayan aprendido la lección.
Desde su posición de privilegio o desde su misma bancarrota.
Pablo / @NewDruidBlogger

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